Por Adriana Viveros.
Me llena de orgullo tener un foro para hablar de la mujer, hoy especialmente en este día, quisiera hablar de la mujer como un icono de inspiración, poder y transformación.
Hablo de la mujer como icono de inspiración, porque me parece que como mujeres nos construimos unas a otras, nos mueven y nos llenan ejemplos de mujeres que tenemos cerca, vamos tomando cosas que admiramos de las mujeres que conocemos o que están en nuestra mira por compartir ciertos valores.
Es así, como nos vamos nutriendo y enriqueciendo unas a otras, vamos tejiendo modelos que buscamos y consideramos valiosos para replicar.
Hoy como mujeres tenemos la opción de poder modelar nuestro mejor YO y trabajar hacia esa construcción de transformación constante.
Estas líneas pretenden dejar una reflexión, ¿la mujer que soy hoy, se parece a la mujer que quiero ser?
Para ello, primero debo mirar hacia adentro, escuchar como me siento, mirar al espejo y ver si de vuelta hay una sonrisa o por el contrario, hay una mirada inquieta buscando ver qué sobra o falta. (según lo que busco para mí).
Hay que apagar el ruido externo, el de la sociedad a la que espero agradar, el estándar tan alto de perfección al que quiero llegar, ese que asfixia, más que alentar; el de la expectativa que tienen los demás de mí; hemos cargado con tantas etiquetas que nos han impuesto, que a veces actuamos conforme a las etiquetas que traemos y no escuchamos nuestro YO, genuino, espontáneo, cambiante y ambivalente.
Y es que en verdad, esta voz inteterior tiene tanto poder en nosotras, que puede llegar a movernos o a dejarnos paralizadas. Hagamos pues un ejercicio de vernos en lo individual, mirar hacia adentro y escuchar si somos quienes queremos ser.
Tracemos ese YO vibrante; pero que el parámetro seamos nosotras, nadie más.
No tenemos que ser, buenas o perfectas para ser felices, tenemos que ser auténticas para vivir en plenitud; cambiantes, porque los sueños nos mueven y nos hacen evolucionar de manera constante.
Quitemos hoy de nuestro autoconcepto esos destellos de vernos en una lucha constante por tratar de demostrarle: al hombre que podemos, a la sociedad que nos necesitan, dejemos de patalear sin avanzar…
Una vez que estemos frente a nuestro espejo, si lo que nos devuelve, no es la mujer que quiero ser; entonces preguntémonos que nos falta o nos sobra, desde todas nuestras esferas: profesional, espiritual, sentimental, física, familiar, sentimental,cultural. Cómo me siento y cómo me gustaría sentirme.
Y así, empecemos a caminar hacia allá, tomando responsabilidad absoluta de nosotras mismas, quitemos excusas de querer que los demás nos hagan sentir mejor; no es, ni el gobierno, ni el marido, ni los hijos, ni el trabajo, quien nos dará esta sensación de plenitud; somos nosotras mismas quienes nos haremos tan felices o infelices como nos lo propongamos.
Que nuestra voz interior sea nuestra mejor y más dulce amiga, que seamos tan sinceras con nosotras mismas, que nos movamos hacia nuestra intuición.
Busquemos pues, rodearnos de mujeres que estén en esta misma búsqueda, para vibrar alto, trabajar en comunidad y tejer una red de espiral ascendente, siempre en movimiento y siempre creciente.
Apoyémonos y hablemos en positivo de cada mujer que tenemos cerca.
Una vez iniciado el ejercicio, cuando nos preguntemos, ¿soy la mujer que quiero ser?, abrázate y responde: tranquila, para allá vamos!!
¡Que gran gozo ser mujer, que gran oportunidad de trascender y vivir en plenitud!
Me encantó, que gran ejemplo!! 👏🏼👏🏼👏🏼